Los Sex Pistols sin Johnny Rotten
Para el famosos con cierto del Winterland Ballroom en San Francisco, con capacidad para casi cinco mil personas, cuentan que las entradas para ver a los Sex Pistols en lo que sería su último concierto (antes de su reunión en los 90), se acabaron en un solo día. Los afortunados asistentes serían el público más numeroso al que iba a someterse la banda de Rotten.
Los Pistols sin Johnny Rotten
En la breve prueba de sonido, intentaron tocar dos nuevas composiciones del frontman que más tarde aparecerían en el nuevo grupo de Rotten, Public Image Limited, como son “Religion” y “Public Image”.
Como ya se sabe, el ocaso de los Pistols había llegado de forma fulminante y aquel directo tan solo fue un último escollo hacia el final. Como años más tarde aseguraría Steve Jones, el guitarrista llevaba un importante resfriado, dos miembros de seguridad andaban detrás de Vicious para alejarle de la heroína y no llegaba a “tocar ni una sola nota bien o ni tan siquiera estaba enchufado” y Rotten lanzaba la amenaza de la estafa que tanto él como sus compañeros parecen haber sufrido de la mano de su mánager Malcolm Mclaren. “No fun”, sería el último corte de Sex Pistols.
La apática actitud de la banda, ya rota, con un más que cuestionable sonido hicieron que uno de los asistentes y creador del famoso fanzine Punk, Legs McNeil, calificara el concierto como el “peor concierto de rock and roll que había visto nunca”.
Pistols sin Johnny Rotten
Al vuelo del día siguiente a Río de Janeiro, planeado por el mánager con objetivo de que la banda diera un concierto y se reuniera con el famoso ladrón del tren de Glasgow Ronnie Biggs, tan sólo se presentaron Paul Cook y Steve Jones.
Los Sex Pistols estaban acabados pero McLaren todavía hablaba y promocionaba la banda como si tal cosa no hubiese ocurrido. Se juntó con Julien Temple para la grabación del documental “The Great Rock ´n´Roll Swindle”, con el apoyo financiero de Virgin.
Centraron sus esfuerzos en tratar de convertir en Sid Vicious como el nuevo frontman de los Pistols y se lo llevaron a París para algunas escenas de Swindle. Se les ocurrió la idea de grabar “My Way” porque la discográfica tenía los derechos de “Comme d´habitude” el origen de la popular canción. Trataron de motivar al bajista, más centrad en la búsqueda de sustancias, invitándole a que cambiara algo de la letra (“I ducked the blows”) o añadiera en el puente ritmo ramoniano e incluso trayendo a su colega Steve Jones.
El deterioro de Vicious
El deterioro de Vicious por la heroína iba de mal en peor y las sesiones que se prolongaron durante casi dos meses fueron un fracaso. El guitarrista residente Claude Engel y los también músicos franceses André Dehan y Sauveur Mallia se hartaron y grabaron las pistas básicas sin los Pistols en dos horas. La filmación resultante pasa a ser una de las imágenes más icónicas del punk con Vicious bajando las escaleras con esmoquin blanco y cantando de forma sarcástica el clásico de Anka. El resto del contenido donde se observa a Sid paseando por el barrio judío con la camiseta de la esvástica resultó ya el acabose.
El 30 de junio de 1978, Virgin Records publicó el primer single de los Pistols sin Rotten con una doble cara A que contenía la colaboración de Cook y Jones llamada “No one´s is innocent” (“The biggest Blow” en su versión maxi de 12”). ¿Quien creéis que cantaba el tema? Si, el ladrón Ronnie Biggs. También estaba enla otra cara la versión “My Way de Sid. “No one is innocent alcanzó el mismo puesto en las listas que “Pretty Vacant”.
Lo último de Sex Pistols
A principios de agosto de ese año, aprovechando cierta inercia, ya se había grabado (y filmado) nuevas versiones de Sid Vicious como “C´mon Everybody” y “Something Else” de Cochran.
Éste último, rescatado del documental, vería la luz en 1979 y contenía la famosa portada de Vicious como un dibujo animado. La cara B sería para “Friggin´in the Riggin´”.En la contraportada aún se podían ver a todos los Pistols caricaturizados en acto de abordaje cuales piratas.
“C-mon everybody” con su famosa hamburguesa, era un 7” que contenía dos temas más incluyendo una cover de Small Faces, “Watcha Gonna Do About It”.
Los Sex Pistols sin Johnny Rotten: conoce la historia
Cuando Johnny Rotten dejó a los Sex Pistols en 1978, muchos dieron por hecho que la banda había muerto en ese mismo instante. Y, en cierto modo, tenían razón: la versión explosiva, incómoda y rabiosamente viva del grupo se desintegró en el mismo momento en que Rotten salió del escenario en San Francisco. Pero lo que vino después no fue un silencio absoluto. Fue otra cosa. Un eco extraño. Una prolongación inesperada. Una vida paralela sin su figura más reconocible.
Tras la ruptura, Steve Jones y Paul Cook siguieron adelante como pudieron. No había un plan maestro ni un nuevo manifiesto punk. Había inercia, ganas de tocar y la sensación de que todavía quedaban cosas por cerrar. Durante un tiempo trabajaron en grabaciones sueltas, colaboraciones y material que acabaría formando parte del proyecto cinematográfico que Malcolm McLaren impulsó para reescribir la historia del grupo a su manera. Era un periodo caótico, sin dirección clara, pero con la energía suficiente para demostrar que los Pistols no se apagaban de golpe.
La muerte de Sid Vicious en 1979 cerró definitivamente la etapa más turbulenta del grupo. A partir de ahí, los miembros originales siguieron caminos distintos, pero nunca del todo separados. Cook y Jones formaron The Professionals, Glen Matlock se movió entre proyectos como Rich Kids, y hubo incluso un experimento fugaz llamado Sham Pistols, una mezcla improbable entre miembros de los Pistols y Sham 69. No eran los Sex Pistols, pero sí eran los músicos que habían dado forma a su sonido, intentando encontrar un nuevo lugar en un mundo que ya había cambiado.
Décadas después, las reuniones puntuales devolvieron a Rotten al frente del grupo, pero esas etapas terminaron en 2008. Las tensiones internas, las diferencias personales y las disputas legales hicieron imposible cualquier continuidad. Y, sin embargo, la historia volvió a girar.
En 2024, Steve Jones, Paul Cook y Glen Matlock decidieron reactivar el proyecto sin Johnny Rotten. No como una banda nueva, ni como una continuación literal de lo que fueron, sino como una celebración del legado musical que ellos mismos habían construido. Para la voz eligieron a Frank Carter, un cantante con presencia, respeto por el repertorio y la inteligencia suficiente para no intentar imitar a Rotten. La propuesta funcionó: conciertos benéficos, un álbum interpretado de principio a fin y una respuesta del público que entendió perfectamente la idea. No era nostalgia barata. Era una reinterpretación honesta.
En 2025 anunciaron una gira norteamericana con la misma fórmula. Rotten quedó fuera del proyecto, y esta vez no hubo intentos de reconciliación. La banda, tal como la conocimos, ya no existía. Pero los Sex Pistols como concepto, como energía, como símbolo, seguían vivos en manos de quienes habían creado su base instrumental.
Así que sí: los Sex Pistols siguieron sin Johnny Rotten. No como la banda incendiaria que cambió la música en 1977, sino como un proyecto que se reconfigura, desaparece y vuelve cuando sus miembros lo sienten necesario. Una especie de fantasma eléctrico que aparece de vez en cuando para recordarnos que el punk nunca fue una estatua, sino un movimiento constante.




